viernes, 26 de noviembre de 2010

Una posibilidad


Él caminaba apurado. Era la primera vez en mucho tiempo que salía con una chica y no quería quedar mal con ella. Se acomodó lo mejor que pudo y logró verse muy guapo a pesar del montón de limitaciones que solo él veía cuando se miraba al espejo. La verdad era que lucía bastante bien. Antes de salir de casa se aseguró de oler bien utilizando un perfume que alguna vez alguien le había dicho que olía muy rico. Mientras caminaba se sentía nervioso y pudo observar como sus manos sudaban ante la perspectiva de una nueva experiencia. Era una mezcla de temor y de felicidad. Aquella chica en realidad le atraía y le parecía bastante dulce, por lo que no quería arruinar cualquier posibilidad con ella.

Llegó al lugar donde habían acordado encontrarse: un pequeño café con vista a un hermoso y extenso parque, en el que la mayoría de enamorados de aquel lugar solía caminar en las tardes. De pronto sintió emoción al pensar que podría pasearse por allí con ella tomándole la mano. La había conocido hace unos días atrás durante una pequeña reunión de unos amigos en común y ambos habían congeniado muy bien, por lo que acordaron, después de una larga noche de risas y conversaciones triviales, una cita en ese lugar.

No tenía mucho tiempo esperando cuando apareció ella en la esquina de la cuadra donde se localizaba el café. Iba vestida con un pequeño vestidito floreado en tonos turquesa y amarillo pálido. En aquel momento consideró que lucía perfecta y decidió que ella era lo que quería. Se acercaron timidamente uno al otro y se miraron a los ojos con un brillo especial que denotaba complicidad. Los dos se dirigieron al café y decidieron sentarse en la terraza. Tomaron chocolate con pastas mientras mantenían una entretenida conversación, cargada de risas y deseos ocultos.

La verdad era que se sentían atraídos unos por el otro. Pronto necesitaron dejar aquel lugar y dirigirse a otro donde pudieran hablar y estar más cerca sin atraer las miradas de todos los que pasaban a su lado. La última había sido una señora que con una mirada completamente reprobatoria había dejado muy claro su punto de vista en cuanto a su comportamiento. Fue después de esto que decidieron huir entre risas.

Fueron al parque. Mientras se dirigían allí, él sentía como podía acariciar con la punta de sus dedos su deseo de pasear con ella, al tiempo que veía como sonreía y sentía que todo a su alrededor era mejor. Se tomaron de las manos mientras caminaban por el lugar plagado de flores y árboles, no muy grandes pero capaces de dar sombra, y supieron que después de aquello no había marcha atrás.

Pasaron sobre un puente encima de un pequeño lago artificial y él decidió que era el momento perfecto para probar sus labios. Se acercó a ella poco a poco, la tomó suavemente de la cintura y con delicadeza acercó sus labios a los de ella. El beso fue inocente al principio, un simple roce de labios, hasta que la necesidad de saborearlos se volvió apremiante y lo hizo. Ambos disfrutaron del beso y supieron que en ese momento acababa de nacer algo hermoso entre los dos. Él, además de eso, sabía también que al fin podría olvidar a la otra ella, ésa que en cualquier parte del mundo donde se encontrara, estaría todavía extrañándolo mientras él trataba de olvidarla en los labios de otra.