Quiero una noche en la que no me importe el que dirán, para poder darle rienda
suelta a todo lo que siento y a todo lo que quiero hacer.
Quiero una
noche sin nombres, sin direcciones y sin sentimientos, que sólo sea una combinación de todos los sentidos en la que no existe el después.
Quiero una noche larga llena de besos húmedos, de caricias, de gemidos, de besos pequeños, de susurros, de miradas tiernas, de miradas pícaras y de sonrisas.
Quiero una noche
en un lugar hermoso al que no tenga ganas de regresar para no sentir
melancolía cuando deba dejarlo.
Quiero una noche en la que no haya ni
lágrimas, ni palabras incómodas, ni respuestas malas, ni
despedidas al terminar.
Sí, yo quiero una noche con alguien que no tenga
ni su cara ni su nombre para poder dejar de extrañarlo.