sábado, 24 de diciembre de 2011

Quiero una noche.

Quiero una noche en la que no me importe el que dirán, para poder darle rienda suelta a todo lo que siento y a todo lo que quiero hacer.
Quiero una noche sin nombres, sin direcciones y sin sentimientos, que sólo sea una combinación de todos los sentidos en la que no existe el después.
Quiero una noche larga llena de besos húmedos, de caricias, de gemidos, de besos pequeños, de susurros, de miradas tiernas, de miradas pícaras y de sonrisas.
Quiero una noche en un lugar hermoso al que no tenga ganas de regresar para no sentir melancolía cuando deba dejarlo.
Quiero una noche en la que no haya ni lágrimas, ni palabras incómodas, ni respuestas malas, ni despedidas al terminar.
Sí, yo quiero una noche con alguien que no tenga ni su cara ni su nombre para poder dejar de extrañarlo.

martes, 4 de octubre de 2011

Un día cualquiera.

Y ahí estaba yo, rompiendo vasijas de barro por internet para no salir a matar a alguien y terminar de desgraciarme la vida. Y es que la noticia que recibí no era para menos: que tu novia de toda la vida, ésa de la manito sudada, ésa de la primera vez, se haya ido con el carajo que llamaste mejor amigo por 20 años de tu vida, no es para menos. En fin, mejores cosas vendrían. Pasé algo así como 2 horas pagando mi rabia con las vasijas hasta que me cansé de ver colores brillantes estallar y desaparecer.

Salí a tomar aire y me encontré con el enano del apartamento del frente: el pobre hombre tiene 2 hijas y hace 4 años que espera que su esposa regrese. Él dice que anda en busca de aventuras por el mundo, yo pienso que todo el mundo anda viviendo una aventura con ella. Pobre pendejo, pero así somos algunos, si no, mírenme a mí. Lo saludé y seguí mi camino. Decidí que tenía hambre y me fui a la panadería más cercana. El día parecía normal, había mujeres caminando apuradas con sus hijos, hombres de traje manejando carros y carajitos agarrados de las manos en rincones escondidos besándose y jurándose amor eterno. Ilusos ellos que no saben en qué paquete se están metiendo.

Llegué a la panadería y el portu me recibió como siempre: con una gran cara de culo. Normal. Típico. Pedí un cachito y un Nestea de durazno, le pagué y salí. No estaba dispuesto a calármelo. Justo a la salida iba pasando una maestra con su fila de muchachitos cantando. Todo un encanto de no ser porque uno sabe que esos encantos crecerán y serán engendros. Pensé en sacarle la lengua a uno que me veía como examinándome, expresando un gesto negativo en su rostro, pero pensé en todos los problemas en los que podía meterme con la situación de las leyes hoy en día. Decidí que no valía realmente la pena hacerlo.

Caminé mientras comía el cachito y tomaba el Nestea, cuando caí junto con todo lo demás un hueco que había en medio de la acera producto de la tala de un árbol. Maldije una y otra vez al gobierno, a los que talaron el árbol, a los imbéciles que siguen votando por él y a todos los posibles responsables de mi caída. Una señora iba pasando y me miró con cara de pocos amigos, pero realmente me supo a mierda. Me levanté, tiré todo en la cesta de basura que estaba atrás de mí. Seguí caminando de nuevo hasta mi casa, no quería seguir por ahí, podía pasar cualquier cosa en un día como aquel. Subí las escaleras hasta el segundo piso y llegué a casa. Entré, me tiré en la cama y pensé: ¡Qué mal día para ser botado por Sofía!




sábado, 21 de mayo de 2011

3900 km de separación

No sé a quién engañamos.
La verdad es que ya se nos olvidó porque estamos juntos.
Es más, ya eso ni siquiera es cierto.
Hay 3900 km de separación entre tú y yo.
No hay manera de que estemos juntos,
o por lo menos no una que te complazca.
Y te extraño, no sabes cuanto.
Pero no es suficiente, aunque a veces también parece ser demasiado.
Y odio la globalización, y odio el socialismo.
Y odio todo aquello que hace que entre tú y yo hayan 3900 km de distancia.
Ando pensando en un libro sobre lo que puede/pudo ser mi vida,
pero el tiempo del verbo depende de ti y no de mí,
que si por mi fuese estaría abrazada eternamente a tu cuello.

jueves, 17 de marzo de 2011

Carta a un extraño.

Hola extraño,

El tiempo ha pasado rápido. Han transcurrido casi dos años desde que nos vimos por primera vez en aquel pasillo transitado por decenas de personas preocupadas por sus propias cosas. Yo era una de ellas y a ti eso pareció darte curiosidad. Debo admitir que siempre llamaste mi atención, pero hubo siempre algo que me limitaba; aunque ahora que lo pienso, eso todavía se encuentra presente. Aquel día yo hablaba sola porque había tenido un día difícil y siempre que eso pasa, es inevitable que termine hablando conmigo para luego reírme pensando que estoy loca. Seguro ya tú te diste cuenta. Aún no sé tu nombre y la verdad es que no quiero saberlo, seguro será imposible de pronunciar y hará que nuestra relación pierda la magia. La verdad es que me gustan nuestros diferentes intercambios de miradas, dependen de nuestro estado de ánimo. Hay días de miradas indecentes, de miradas tiernas, de miradas curiosas, de miradas avergonzadas o de miradas indiferentes. Me encanta que parece que puedo llamarte con el pensamiento.

La mayoría de la gente puede pensar que necesito un sanatorio a causa de esto, pero me da igual, yo nunca he entrado dentro de lo que ellos describen como normal. Me encanta esta relación visual contigo porque hay días en los que puedes alegrarme el día a pesar de que no me digas nada, creo que allí radica que esto me parezca tan perfecto: como no hablas, no lastimas. No sé por qué, pero presiento que eres muy diferente a mí. Por eso hay días en los que me siento tentada a acercarme a hablar contigo y así despejar las dudas, pero luego tomo distancia y recuerdo quién soy y quién eres. A veces me molestan las diferencias del mundo, pero ¿a quién engaño? Yo no podría vivir sin ellas. Hay gente que me tacha de infantil por esto, como si yo tuviese la culpa de que ellos hayan dejado de ser niños y de disfrutar de las cosas más simples. Por ello, gracias por siempre estar allí, aunque tú no lo sepas.

Nos vemos en los pasillos, desconocido.

Yo.